riego del olivo

RIEGO DEL OLIVO

El cultivo del olivar se da en zonas con clima mediterráneo, puede resistir sequías durante un tiempo prolongado y dar frutos a pesar de someterse a bajos aportes de agua. Esto es gracias a las condiciones y mecanismos morfológicos que le permiten desarrollarse en condiciones de secano, como su sistema radicular, que es capaz de alcanzar más de cien metros de profundidad en terrenos arenosos, sus hojas resistentes, que cuentan con pocos estomas en el envés, lo que significa que no son susceptibles a la radiación solar, entre otras condiciones.

No obstante, más allá del sistema de riego del olivo que se aplique, los olivares deben cultivarse en zonas donde la media de precipitaciones al año sobrepase los 400 mm y 500 mm; cuando estos datos disminuyen, se producen consecuencias en varios aspectos durante su proceso de crecimiento: La cantidad de flores producidas es mucho menor, se interrumpe la fecundación durante el proceso de floración, disminuye la capacidad de cuajado de los frutos y el tamaño de los mismos, entre otros.

La época más susceptible, en cuanto a necesidades de riego del olivo, se ubica entre el proceso de floración y el de maduración de los frutos, y es justo ese período de tiempo cuando existe mayor escasez de precipitaciones.

Cuando los olivos cuentan con un sistema de riego bien establecido, la producción aumenta considerablemente.

Sistemas de riego en olivo

Existen diferentes sistemas de riego en olivo que se pueden llevar a cabo; sin embargo, el mejor método es el de riego por goteo, que, hoy en día, es el más extendido y utilizado para dotar de agua los olivares.

Cada gota de este sistema de riego es captada de inmediato por el suelo y forma un bulbo de humedad a través del cual las raíces absorben el agua para contribuir con el desarrollo de las mismas.

Por lo general, la fórmula para llevar a cabo este sistema de riego es de cuatro emisiones constantes tipo caudal con uno a tres bares de presión por olivo maduro, que varían entre uno a cuatro litros de agua por hora.

Asimismo, para aplicar este sistema de riego en los olivares no se recomienda utilizar aspersores, ya que, de lo contrario, podría ocasionar la aparición de hongos.

A través de este sistema es más fácil aplicar fertilizantes líquidos compuestos para que sean absorbidos por los cultivos. Por lo general, se utiliza ácido nítrico, ácido fosfórico, nitrato de amonio, fosfato monopotásico, nitrato de calcio y nitrato de potasio con este sistema de riego.

Dentro del sistema de riego por goteo existen dos tipos de modalidades: subterránea y superficial. Entre ellas, la más recomendable es la superficial, ya que utilizar sistemas de riego por goteo subterráneo podrían suponer consecuencias de riesgo en las raíces.

Algo importante a tener en cuenta es que, si se trata de riegos de apoyo o si la dotación de agua es muy baja, es preferible utilizar sistemas de riego localizado con mangueras para que el resultado sea más económico y flexible. De cualquier forma, es importante analizar la reacción de los olivos ante cada sistema de riego para poder determinar las dosis correctas y el tipo de riego ideal según la temporada, condiciones del suelo, etc.

Riego por goteo superficial en olivo

La aplicación del sistema de riego por goteo superficial en olivo se basa en distribuir el agua a través de tuberías con pequeños agujeros, por los cuales también se pueden aplicar fertilizantes mezclados con el agua.

La facilidad de este sistema de riego superficial es que es más fácil controlar la cantidad de agua que se distribuye, además de que hay mucha menos pérdida de agua.

Para distribuirla, se coloca una red de tuberías hechas de PVC o polietileno, de las cuales se pueden extender mangueras laterales con goteros para formar una acumulación de tierra húmeda junto a los cultivos. Es importante controlar la profundidad y el alcance de este sistema de riego para asegurar que podrá cubrir todo el sistema radicular; para ello, dependerán características como el tipo de cultivo y terreno, el tamaño de las raíces, etc.

Asimismo, hay que tomar en cuenta que, de acuerdo al tipo de terreno, puede haber distintos bulbos húmedos; cuando los suelos son más arenosos la distribución del agua es más sencilla, sin embargo, en suelos limosos suele haber mayor riesgo de encharcamiento. Por ello, es indispensable conocer la composición del terreno para implementar un sistema de riego por goteo que funcione correctamente.

Uno de los problemas de este sistema de riego es que se acumulan las sales alrededor del bulbo húmedo, lo que significa que, a medida que el cultivo necesita más agua, se pueden ocasionar problemas por acumulación excesiva de sal.

Riego por goteo enterrado en olivar

A diferencia del sistema anterior, el riego por goteo enterrado en olivar se caracteriza por disponer las tuberías por debajo de la tierra a profundidades variadas que oscilan entre los 10 centímetros y los 50 centímetros, según el tipo de cultivo.

Asimismo, a través de este sistema de riego los bulbos húmedos no llegan a la superficie, lo que significa que las pérdidas de agua por evaporación se reducen considerablemente. Además, el aporte radicular es mucho más directo y uniforme, y es más sencillo hacer labores en el terreno sin correr el riesgo de dañar los sistemas de riego y sin tener que retirarlos.

Entre los elementos que debe tener este sistema de riego, las tuberías con goteros autocompensantes, los sistemas de filtrado principal, las ventosas en los puntos más altos y los colectores de limpieza colocados al final de las tuberías son indispensables para que las raíces se desarrollen adecuadamente, para evitar el efecto sifón, para controlar el caudal de agua y para mantener la limpieza y el correcto funcionamiento de cada sector de riego.

A pesar de que el sistema de riego por goteo subterráneo es bastante efectivo, también requiere de un tratamiento muy delicado; por ello, para evitar problemas con las raíces, los bulbos creados deben ser lo suficientemente amplios hasta que se unan formando una franja de humedad.

Riego según el tipo de olivar

Actualmente es posible diferenciar la clase de riego según el tipo de olivar, y cada uno de ellos contribuye con la producción y calidad del aceite, así como en la posibilidad de intensificar los diferentes sistemas productivos.

Los olivares tradicionales, que suelen contar con 80 a 120 olivos por hectárea, suelen estar dotados de bajas cantidades de agua, ya que su producción es muy baja: unos 2000 a 4000 kg por hectárea.

Por otra parte, los olivares de gran producción (intensivo y superintensivo) suelen necesitar de grandes dotaciones de riego para que la producción sea significativa. El coste de implantación de estos sistemas de riego es mucho más alto; sin embargo, permiten llevar un mejor control de la producción y optimizan el consumo de agua.

Riego en olivar tradicional

El tipo de riego en olivar tradicional es el riego deficitario, que en principio se creó como una técnica que ayudaría a regular el crecimiento vegetativo de las plantaciones, sobre todo en temporadas posteriores a la cosecha y ante variedades precoces.

Posteriormente, se aplicaron más técnicas de riego deficitario que funcionaban para ahorrar agua y se explotó la aplicación del déficit hídrico durante la precosecha, además de otros ensayos de riego. Todos estos ensayos mostraron resultados satisfactorios en las diferentes variedades de olivos y otras especies frutales.

Hoy en día, el estrés hídrico que genera el riego deficitario en los olivos supone grandes beneficios económicos para los agricultores y fomenta la buena calidad del fruto durante la temporada de crecimiento y desarrollo del olivo. Estas mejoras se ven reflejadas en la firmeza, el color y una rápida maduración del fruto.

De igual forma, de la aplicación de riego deficitario derivan otros beneficios, como una mayor precocidad de las cosechas y el adelanto de la floración. Esto es debido a que el estrés hídrico promueve una restricción del crecimiento foliar y promueve la floración prematura.

Otro de los beneficios que ofrece este sistema de riego es que permite hacer frente a épocas de sequía sin perjudicar la producción o calidad de los frutos, además de ayudar a la supervivencia de los cultivos. Un ejemplo de esto son los olivares tradicionales de secano.

Recientemente, también se ha podido comprobar que el estrés hídrico supone resultados más positivos en lo referente a la composición de los frutos cuando son sometidos a la acción de compuestos bioactivos.

Riego en olivar intensivo

La diferencia entre el tradicional y el riego en olivar intensivo es que en este último, por lo general, se dejan espacios más anchos en las calles para la maquinaria y calles perpendiculares más estrechas. Asimismo, como queda muy poca distancia entre las copas, se promueven sistemas de producción en vaso para que las ramas no se interpongan entre sí, ni haya olivos que capten mayor luz solar que otros.

Así como en los sistemas de producción de olivares tradicionales, el riego no es obligatorio en los olivares intensivos, ya que las cosechas o producciones conseguidas son aproximadamente de 9000 kilogramos de aceituna al año con bajas dotaciones de agua (18%). No obstante, lo más recomendable es suplir las necesidades totales de riego durante los primeros años de cultivo.

Riego en olivar superintensivo

En este caso, los porcentajes de riego en olivar superintensivo varían completamente en función de la edad del cultivo, el tipo de suelo, etc. A diferencia de otros sistemas de producción, la percepción de radiación solar es mucho más alta, lo que significa que pueden aplicarse sistemas de riego deficitario durante los primeros años, pero durante el segundo período de crecimiento, los árboles se vuelven mucho más sensibles a la falta de agua; por lo que es necesario realizar aportes mucho mayores para así poder satisfacer las demandas hídricas y que la producción de olivos no disminuya.

Durante el primer y tercer período de crecimiento de los cultivos (crecimiento vegetativo y rendimiento graso de las aceitunas, respectivamente), hacer recortes en el caudal de riego podría ocasionar bajas en la producción final de los cultivos, incluso si dichos recortes son mínimos.

Cálculo del riego por goteo en olivar

Para determinar las técnicas de riego que se pueden emplear, así como las cantidades que se pueden aplicar para evitar déficits hídricos, es necesario hacer un cálculo del riego por goteo en olivar donde se determinen los balances de agua respecto a las cantidades existentes en el suelo. Para ello, se utiliza la expresión a continuación: ETC = PE + Hb – (He + Hp + ASt – ASt-1).

En este caso, el término ‘AS’ se refiere al contenido de agua existente en el suelo, expresada en milímetros, y el término ‘t’ hacen referencia al tiempo de riego considerado. De igual forma, los términos Hb, PE y ETC son las cantidades netas de riego, la posible precipitación efectiva y las posibilidades de evaporación durante los períodos de tiempo anteriormente nombrados.

Lo único que no está previsto dentro de la fórmula de medición descrita anteriormente es la reserva de agua que almacena el suelo durante el período de lluvias; no obstante, algunos olivares pueden cubrir incluso el 60% de sus necesidades hídricas durante este período gracias a su gran capacidad de retención.

Para conocer las capacidades de reserva se pueden explorar las raíces a través de sondas de neutrones, métodos gravimétricos, entre otras herramientas. A partir del mes de abril la pluviometría anual total ya se ha generado, por lo que el nivel de agotamiento permisible (NAP) mostrará que el cultivo comenzará a reducir la tasa de transpiración, crecimiento y producción.

Por otra parte, las cantidades de agua disponibles (AD) se determinan mediante la fórmula “AD = Zr x (CC – PMP)”, donde el término ‘AD’ está expresado en milímetros, CC quiere decir capacidad de campo, PMP significa humedad a marchitez permanente y Zr se refiere a la profundidad de las raíces, también determinadas en milímetros. Por lo general, esta última suele ser de un metro y tanto la humedad volumétrica y la capacidad de campo deberán expresarse en cm3/cm3.

Cuando se calcula esto, se procede a determinar el NAP como una fracción propia. Asimismo, esta expresión varía de acuerdo al tipo de cultivo, el método de riego y la demanda evaporativa de la atmósfera. Generalmente, en los olivares la reducción de agua alcanza el 75%, sin embargo, esto no afecta la producción final. La expresión para calcular el NAP es NAP = 0,75 x (CC – PMP) x Zr.

Lo más recomendable para llevar a cabo la programación o cálculo de riego es hacerlo en verano, ya que durante esta época es cuando los caudales son mínimos y esto da pie a que se pueda regar la máxima cantidad de superficie posible, además de disminuir el precio de las instalaciones de riego.

Finalmente, el riego por árbol se determina de la siguiente forma: R (l/olivo/día) = R (mm/día) · Superficie (m2/olivo).

Preguntas frecuentes sobre el riego del olivar

Si aún tienes dudas sobre el riego en el olivar, estoy seguro que alguna de estas preguntas resolverá tus dudas.

¿Cómo afecta el riego del olivar en la producción?

Estas son algunas de las consecuencias más comunes que servirán para determinar cómo afecta el riego del olivar en la producción:

  • Interrupción del proceso vegetativo con sus respectivas consecuencias en el crecimiento foliar de los árboles. Estas consecuencias se ven manifestadas durante la cosecha siguiente; por lo general, los cultivos suelen correr estos riesgos de paradas vegetativas en invierno y en los veranos más secos y calurosos.
  • De igual forma, la falta de agua puede interponerse en el crecimiento de las yemas florales. En este caso, los meses de riesgo son febrero, marzo y abril.
  • En mayo, durante el proceso de floración, la falta de agua acarrea deficiencias en la fecundación, lo que también tendrá futuras consecuencias en la producción de frutos y, siendo este, el momento más crítico y el que mayor aporte hídrico requiere. Los meses de cuajado de frutos son mayo y junio.
  • Asimismo, durante la temporada de cosecha, las cantidades de agua deben ser significativas para que el tamaño de la aceituna no disminuya.
  • Finalmente, desde julio hasta noviembre es cuando se acumula el aceite de los frutos, por lo que la falta de agua podría comprometer esta tarea.

¿Cuál es la frecuencia de riego en los olivos?

A pesar de que los olivos jóvenes pueden resistir más a la escasez de agua, cuando estos crecen y comienzan a florecer y formar frutos, es imprescindible que comiencen a implementarse sistemas de riego abundantes; sobre todo, durante el período de engorde o formación de las aceitunas, que suele ser a finales de verano.

Vale la pena recalcar que, cuando la frecuencia de riego en los olivos es escasa en estas épocas, las consecuencias son el detrimento en el cuajado, floración, contextura y acumulación de aceite de los frutos.

Ya sea a través de precipitaciones o sistemas de riego, es crucial mantener constantemente hidratados los olivos a partir del mes de julio hasta noviembre. Si la producción de olivos está destinada a generar aceitunas para mesa, entonces el riego ha de ser mucho más importante.

¿Cuál es la distancia del gotero al tronco del olivo?

Para conocer cuál es la distancia del gotero al tronco del olivo primero es importante que los goteros del sistema de tuberías no estén demasiado cerca del tronco, ya sean jóvenes o adultos, debido a que esto podría ocasionar que el sistema radicular se forme lejos de él y, por consiguiente, habría más peligro de pudriciones y enfermedades en los olivos.

La posición correcta para evitar problemas en las raíces debe estar a 25 centímetros de distancia del tronco, dejando un espacio al principio de la línea portagoteros, para poder separarlo siempre que sea necesario, mientras que el olivo se va desarrollando. De esta manera también se evitará la tarea de tener que implantar nuevos goteros cada vez.

¿Cuánta agua necesita un olivo joven?

Una vez que se plantan los olivos, es obligatorio colocar sistemas de riego para poder dotarlos de agua en caso de que la pluviometría no sea suficiente; sin embargo, esto no basta para saber cuánta agua necesita un olivo joven.

Durante el primer año de haber sido cultivados, las cantidades de agua necesarias son mucho menores, lo que significa que los riegos pueden ser menos intensos y menos frecuentes; sin embargo, durante las épocas más calurosas lo mejor será realizar aportes de agua de 70 litros por olivo, aproximadamente, cada semana.

Hasta el tercer año, los olivos pueden nutrirse bien de agua con dos puntos de goteo. Esto aplica para la mayoría de los tipos de suelo. Posteriormente, cuando los árboles se van haciendo más adultos, estos puntos de goteo se deben ir separando de los troncos para garantizar la buena distribución del agua en el sistema radicular.

Al ser adultos, pueden implementarse hasta seis goteros por árbol en suelos fuertes y ocho en suelos ligeros. Esto es, cuando el tamaño del árbol sea casi definitivo.

¿Es mejor el riego subterráneo o exterior para el olivo?

Tal como se ha mencionado al inicio del texto, el mejor sistema de riego es el sistema de riego por goteo; específicamente, el sistema de riego por goteo subterráneo que, a pesar de necesitar un tratamiento de mucho más detalle, también reduce las posibilidades de erosión tras el riego del olivo.

¿Se pueden regar olivos sin agua?

Es muy común escuchar que los olivos pueden soportar muy bien la ausencia de hidratación; no obstante, ¿se pueden regar olivos sin agua? Más allá de determinarse, en un sentido literal, como un sistema de riego sin agua, lo más cercano a hidratar olivares sin utilizar caudales de agua es utilizar el sistema de riego por gravedad.

Este sistema permite distribuir el agua a lo largo del cultivo iniciando en una parte de la superficie y continuando hasta otra simultáneamente a través de infiltraciones del suelo.

De esta forma, este sistema de riego puede presentar tanto ventajas como desventajas. Lo positivo de llevarlo a cabo es que la infraestructura es mucho más sencilla, de fácil mantenimiento y al emplear energía gravitatoria, las necesidades externas de energía son casi nulas.

Por otra parte, este tipo de sistemas de riego ocasiona mayor consumo de agua y, en ocasiones, inundaciones, alta salinidad y el sistema de drenaje no es el adecuado, pérdidas de nutrientes, pérdidas de suelo debido a la erosión, entre otros inconvenientes. Además, sería casi imposible utilizar la automatización y control del riego por gravedad.

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